
La historia de la familia Eguren se escribe desde 1870 como un proyecto de cinco generaciones de viticultores enraizadas en la Sonsierra riojana y entregadas durante décadas a descubrir el carácter y la identidad de viñedos privilegiados para transmitirlos a vinos únicos, aquellos que solo nacen en los terruños más excepcionales. Vinos que perduran en el tiempo, que aúnan fruta, potencia y estructura con elegancia, frescura y sutileza. El grupo, bautizado Viñedos y Bodegas Sierra Cantabria, lo constituyen sus proyectos de la Denominación de Origen Calificada Rioja -Sierra Cantabria, Viñedos Sierra Cantabria, Señorío de San Vicente y Viñedos de Páganos-, a los que hay que sumar su presencia en Toro con la bodega Teso La Monja, y Dominio de Eguren para los vinos procedentes de viñedos de las principales zonas vinícolas españolas.
Uno de los proyectos más especiales del grupo es la bodega Viñedos de Páganos, que acaba de cumplir 25 años. Situado en un entorno privilegiado en lo geográfico -a mitad de camino entre San Vicente y Logroño- y en lo paisajístico -con el imponente fondo de la Sierra Cantabria-, es un paraje de neta vocación vitícola, muy valorado desde hace centurias, y que en la actualidad se enmarca en un auténtico mar de viñas. La familia Eguren realizó aquí un despliegue de paciencia durante años para comprar la tierra a numerosos propietarios, que se plantó con viña entre 1975 y 1985. En 1989 estos terrenos se dividieron en dos parcelas: El Puntido y La Nieta.
El suelo de El Puntido es escaso y pobre, apenas 60-70 centímetros de tierra de cultivo arcillo-calcárea, lo que obliga a las viñas a abrirse paso en la roca caliza que prácticamente aflora en la superficie. Las raíces de las plantas buscan resquicios en la roca arenisca cálida que constituye la segunda capa del terreno, y de ahí extraen sus magros nutrientes y su personalidad: los rasgos minerales y la sutileza en los frutales que componen la esencia de Rioja Alavesa embotellada.
La Nieta por su parte ocupa una pequeña terraza de algo más de una hectárea y media situada a menor altitud. En consecuencia, el suelo es aún menos profundo y muchas plantas clavan sus raíces directamente en la roca. La planta tiene que hacer diariamente un esfuerzo de supervivencia y los propietarios ven en esa dificultad el origen de la magia del fruto y del vino que de él procede.
En 1998 se inició la excavación en la roca de unos calados que siguieron la pauta de los clásicos espacios de bodega del siglo XVI, pero con unas dimensiones diferentes: unos amplios túneles de 10 m de alto por 4,5 m de ancho con una longitud total de 700 m. Magníficas instalaciones para la crianza de los vinos coronadas por una bodega de aire clásico en su construcción de piedra, pero nada convencional en sus instalaciones.
¿El resultado de ese titánico esfuerzo? Cuatro vinos de excepción: El Puntido, Calados del Puntido, El Puntido Gran Reserva y La Nieta.
Viñedos de Páganos
Navaridas Errepidea s/n, Páganos.