
El Museo de Bellas Artes de Bilbao vive un momento histórico. Bajo la dirección de Miguel Zugaza, la institución afronta una profunda transformación gracias a Agravitas, el proyecto de ampliación firmado por Norman Foster y Luis María Uriarte. Más allá de sumar espacio expositivo, esta iniciativa redefine la relación del museo con la ciudad y lo proyecta hacia el futuro como una referencia internacional. Conversamos con Miguel Zugaza sobre los retos y sueños que encierra este nuevo capítulo.
El proyecto de ampliación Agravitas marca un antes y un después en la historia del museo. ¿Qué significado tiene para usted liderar esta transformación?
El proyecto Agravitas de Norman Foster y Luis María Uriarte es el resultado final de la aspiración del Museo de Bellas Artes de Bilbao de tener un protagonismo creciente en una ciudad y en un territorio que, en las últimas décadas, han potenciado estratégicamente la cultura y el arte como motores de desarrollo social y económico.
Norman Foster y Luis María Uriarte han concebido una arquitectura que dialoga con el edificio original y, a la vez, aporta una identidad contemporánea. ¿Qué valores transmite esta propuesta?
El diseño de Foster y Uriarte tiene la virtud de no discutir ni un metro cuadrado de las dos arquitecturas preexistentes del museo, con la idea de que, más bien, sirva para atar los dos edificios al tiempo que se mantiene su carácter singular. Agravitas aporta, además, un nuevo espacio de encuentro ciudadano en el gran atrio de bienvenida, cubierto por el cuerpo principal de la ampliación.

Más allá del impacto arquitectónico, ¿qué nuevas oportunidades expositivas y curatoriales abrirá Agravitas para el museo?
Quienes nos visiten se encontrarán con un museo que se despliega en tres edificios con su propia personalidad. Cada una de las arquitecturas ofrecerá una experiencia diferenciada de los diversos tiempos y formas del arte que conserva la colección, junto con un dinámico programa de exposiciones y actividades públicas y educativas. Será como entrar al distrito del arte de una ciudad.
Bilbao ya había vivido un “efecto Guggenheim” con Frank Gehry. ¿Piensa que Agravitas puede generar un “efecto Foster” en la ciudad?
Bilbao experimentó ya el “efecto Foster” con la construcción del suburbano. Desde la conexión subterránea, el metro ha sido uno de los grandes elementos de transformación de la ciudad y su entorno. En ese sentido, la intervención actual de Foster es radicalmente distinta. En mi opinión, además de ofrecer a la institución una visibilidad mayor en el nuevo espacio urbano que mira hacia la ría, con este proyecto Foster tenía el anhelo de buscar un punto de vista elevado, de poner el museo en contacto con el cielo y las montañas circundantes.
El museo cuenta con una importante colección de obras de arte propia, con piezas destacadas de artistas como El Greco, Francisco de Goya, Paul Gauguin o Francis Bacon. ¿Qué previsiones existen en cuanto a nuevas adquisiciones o donaciones que puedan incorporarse con motivo de la ampliación?
La colección crece constantemente con nuevas adquisiciones, depósitos de colecciones y, fundamentalmente, a través de donaciones, que han sido y son una de las principales señas de identidad de nuestro museo desde sus orígenes. Entre las novedades que ofrecerá el nuevo museo está la presentación de una colección inédita de diseño y arquitectura que complementará el itinerario por las disciplinas y formas más tradicionales del arte.
Una vez culminada la reconfiguración del museo, ¿qué citas expositivas marcarán la agenda cultural más próxima?
La exposición temporal más importante del museo estará conformada por obras de sus colecciones. Esta es la gran diferencia con otras instituciones museísticas que no disponen de una colección propia tan relevante y heterogénea como la nuestra. También tenemos previsto desarrollar un programa de exposiciones en los nuevos espacios de la ampliación, principalmente en la nueva galería abierta a la ciudad a través de la terraza. Este gran espacio, que se llamará BBK-museoa, ofrecerá un ambicioso programa compartido con la Fundación bancaria BBK, Patrono de Honor del museo.
Desde su experiencia como director del Museo del Prado y del Museo de Bellas Artes de Bilbao, ¿cómo imagina el futuro de los museos en los próximos 20 años?
Desde su invención en el siglo XVIII, no ha sido el museo lo que ha cambiado sino la sociedad. En ese sentido, la institución tiene que saber adaptarse a las nuevas demandas. A medio plazo, uno de los grandes retos actuales para los museos es, sin duda, entender las consecuencias de la tecnología digital y la inteligencia artificial con el fin de contemplar sus oportunidades dentro de los planes de gestión museográfica.
¿Qué es el lujo para usted?
Compartir el arte con el público, con los distintos tipos de público. Ese es el gran privilegio que administramos diariamente.


