
Galardonada con el premio EDEN, European Destinations of Excellence, en 2015, la comarca del Goierri, también conocida como Basque Highlands o Tierras Altas, ofrece infinidad de planes, especialmente para los amantes de la cultura, la naturaleza y la gastronomía tradicional, siendo un lugar ideal para escapadas de entre tres y cinco días. En municipios como Beasain, Segura, Ordizia, Ataun, Ormaiztegi o Zerain nos topamos con hitos culturales que dan fe de la importancia histórica del Goierri: la riqueza de su folclore, su arquitectura, sus personajes y sus tradiciones.
En Beasain, María de Igartza mandó erigir a comienzos del siglo XVI el mayor palacio de madera jamás construido en el País Vasco sobre un solar antiguamente ocupado por una casa-torre medieval. Este lugar fue, tras la Edad Media, una de las vías de unión más importantes entre París y Madrid: el tránsito de viajeros cruzaba el río Oria a través de un puente levantado a principios del XVII. Junto al puente y al palacio, Isabel de Lobiano levantó en 1611 una venta caminera, que a día de hoy sigue manteniendo su uso hotelero. Este espectacular conjunto monumental denominado Igartza se completa con una ermita, una presa, un molino y una ferrería, todos ellos visitables en la actualidad.
Además de la mencionada ruta comercial, el Goierri es lugar de tránsito de otras grandes peregrinaciones, como el Camino de Santiago del interior, que se convierte en Camino Real a su paso por esta comarca. El túnel de San Adrián y las montañas de las Basque Highlands hacen de esta etapa una de las más espectaculares de todo el Camino. En el año 2015 el Camino de Santiago del Norte fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, así como el Túnel de San Adrián hito en el Camino.
El rey de Castilla Alfonso X El Sabio fundó el pueblo de Segura en 1256, con el propósito de proteger los caminos que iban de la meseta al otro lado de los Pirineos. Merece la pena visitar Segura por su casco almendrado, en el que todavía hoy se conservan algunas casas solariegas de la época como el palacio Ardixarra -sede del Centro de Interpretación Medieval-, el palacio Lardizábal -actual Ayuntamiento- o la iglesia parroquial de la Asunción. Uno de los acontecimientos religiosos más relevantes del año en Segura es la procesión de Semana Santa, que tiene su origen en el siglo XVII, y reúne anualmente a cientos de devotos, turistas y amantes del folclore el Jueves y Viernes Santo.
Ordizia por su parte es una villa medieval conocida por su mercado, que cumplió quinientos años en 2012. En 1512, el pueblo sufrió un grave incendio y la reina Juana de Castilla le concedió “la real facultad para que pudiera celebrar mercado franco semanal todos los miércoles del año”. Desde entonces y hasta hoy, todos los miércoles los baserritarras de los alrededores venden sus productos y se establece una guía para marcar los precios de los productos agrícolas de todo el País Vasco. Alrededor de la Plaza Mayor, lugar en el que se celebra el mercado, se extiende el casco viejo de la villa con edificios históricos muy interesantes. Merecen especial mención el Ayuntamiento, el palacio Zabala y el palacio Barrena.

Entre los museos más destacados de la zona están el de José Miguel Barandiaran, en Ataun, dedicado al patriarca de la cultura vasca y a la mitología, y en Ormaiztegi, el museo Zumalakarregi, centro de referencia para el conocimiento del siglo XIX en el País Vasco, que profundiza en la vida del general carlista Tomas de Zumalakarregi y en la de su hermano. El Paisaje Cultural de Zerain, por su parte, está formado por un museo etnográfico, una antigua serrería hidráulica, una cárcel y una tienda de artesanía. Para conocer la realidad actual de Zerain es imprescindible conocer su pasado minero: desde el siglo XI se ha extraído hierro en las 150 hectáreas que conforman las minas de Aizpea. Esta explotación ha desarrollado un paisaje especial en esta zona situada dentro del Parque Natural de Aizkorri-Aratz, que cubre todo el monte y que ha sido denominado Bien de Interés Cultural por el Gobierno Vasco. Se compone de galerías, vías de ferrocarril, espectaculares hornos de calcinación y múltiples vestigios propios de la profesión: polvorines, talleres de arreglo, oficinas, cisternas artificiales, exposición de herramientas… La visita al Complejo Minero de Aizpea es imprescindible para todo aquel que quiera conocer el pasado industrial del País Vasco.
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