
¡1.000 años! En 2025 se cumplen 1.000 años de la primera referencia documental en la que aparece escrita la palabra Gipuzkoa. Orgulloso de una historia que conserva el idioma más antiguo de Europa, y creador de vanguardias, Gipuzkoa es un territorio singular y, sobre todo, auténtico. En apenas 2.000 km2, algo más que la ciudad de Londres, cabe una capital cosmopolita como San Sebastián, una cultura tradicional, una costa versátil de 86 km y un interior verde y laberíntico. Aunque la oferta de actividades a realizar en Gipuzkoa es ilimitada -la guía ‘Muy Gipuzkoa San Sebastián’ recoge muchos de estos planes-, con magníficos recursos naturales, una gastronomía reconocida, un patrimonio industrial fascinante, una costa famosa en todo el mundo, con lugares de esparcimiento muy tranquilos y otros orientados a los aventureros o a las familias, hemos querido destacar nueve lugares o actividades que ningún viajero debería perderse.
Zarautz
Desde sus orígenes como pueblo pesquero, hasta la desaparición de la ballena del Cantábrico, Zarautz ha sido un punto de encuentro de gente local. Y, hoy en día, sus virtudes como destino turístico se conocen internacionalmente. Surf, gastronomía y naturaleza se respiran en un entorno que refleja la esencia de la identidad de Gipuzkoa.
Su extenso arenal es un paraíso para gozar de un día de playa, así como para principiantes y profesionales del surf. En sus escuelas de surf, ubicadas a lo largo de todo el pueblo, jóvenes, familias y mayores disfrutan año tras año por primera vez de esta experiencia de contacto directo con la naturaleza. Paseando por su malecón nos topamos con un ambiente local, con exhibiciones de herri kirolak (deportes vascos) muchos fines de semana, conciertos, terrazas y un ambiente cálido y jatorra (en euskera, agradable) cualquier día de verano o fin de semana del año.
Hondarribia
Situada en un enclave estratégico, con Francia en frente y las montañas al otro lado, Hondarribia mantiene viva su historia y su ambiente festivo. Sobre sus calles adoquinadas se sostiene la ciudad amuralla mejor conservada de Gipuzkoa, y miremos donde miremos vemos retazos de la localidad estratégica que fue. Sus murallas han soportado numerosos asedios a lo largo de siglos. Entrando desde la puerta de Santa María, donde aún se conserva un bello arco con el escudo de la ciudad, subimos por la calle Mayor dejando a los lados pequeños comercios locales, alguna taberna, el ayuntamiento y la Iglesia gótica de Santa María de la Asunción y del Manzano. Mientras nos dejamos llevar, se abre ante nuestros ojos la plaza de Armas -presidida por el magnífico parador de Hondarribia-, una explanada donde se organizaban recepciones al ejército, corridas de toros y otros festejos populares.
Saliendo de la zona amurallada, llegamos al barrio de la Marina y al centro neurálgico de la ciudad: la calle San Pedro. Aquí, bajo las tradicionales casas de pescadores, está el ambiente más animado de Hondarribia. Mientras paseamos, podemos ir parando en algunos de los restaurantes y bares de pintxos conocidos de la zona.
Geoparque de la costa vasca
Entre los municipios costeros de Mutriku, Deba y Zumaia, encajado entre el mar Cantábrico y las montañas, se encuentra este must de Gipuzkoa. Geoparque Mundial de la UNESCO desde el año 2015, en su recorrido conocemos algunos de los episodios más relevantes de la evolución de la Tierra. A lo largo de los 13 kilómetros de acantilados que componen el Geoparque de la costa vasca, encontramos una formación de capas de roca única llamada Flysch, una muestra de más de 60 millones de años de historia de la Tierra. Paseando o en barco, cualquiera de las excursiones que hagamos nos lleva a conocer los detalles de un viaje en el tiempo que nos permite descubrir, por ejemplo, una fina capa de color negro que evidencia el impacto de un gran asteroide y la extinción de los dinosaurios.
En la playa de Itzurun es donde adquiere mayor relevancia el Flysch. Un auténtico tesoro para la investigación de especialistas en geología y un lugar mágico para el visitante, que aguarda al atardecer para disfrutar de los colores del cielo desde una playa sin igual.
A un paso, los verdes valles ocultan en Deba y Mutriku el mundo subterráneo del karst, con innumerables cuevas y simas donde se puede disfrutar de las raíces de uno de los pueblos más antiguos de Europa. Allí se encuentra el mejor conjunto de caballos de arte parietal del planeta, encontrado en la cueva de Ekain y declarado Patrimonio de la Humanidad.
Santuario de Loiola
En mitad del Valle del Urola, entre montañas y en un paraje idílico, se encuentra este Santuario edificado en torno a la casa donde Ignacio de Loiola nació en 1491. Con tan solo acercarnos a sus cuidados jardines frontales, la espiritualidad de la zona nos invade. La presencia de la escultura de Ignacio de Loiola preside el comienzo del paseo que nos lleva hasta la entrada de la basílica que lleva su nombre.
La basílica, diseñada por el arquitecto italiano Carlo María Fontana, es la parte central del edificio. Desde el exterior se contempla una impresionante cúpula de 65 metros de altura, que aporta equilibrio a la fachada de 150 metros de longitud. La obra comenzó en 1689 y el edificio no se inauguró hasta el 31 de julio de 1738, fiesta de San Ignacio. Toda la obra, en la que trabajaron hasta 600 canteros, se realizó a base de grandes bloques de mármol extraídos del cercano monte Izarraitz.
El ritual del txotx
La temporada de sidrerías, que dura desde enero hasta finales de abril, es una bonita época para degustar la nueva sidra directamente de los toneles. En esta temporada de sidrerías, a grito de txotx, se anima a los comensales a degustar las sidras de la casa de la mano del mismo elaborador. Esta degustación se acompaña con el menú típico de sidrería que consta de un aperitivo de la casa, tortilla de bacalao, bacalao con pimientos, chuleta a la brasa, nueces, queso Idiazabal y dulce de manzana o membrillo. A lo largo del verano y del otoño, las sidrerías abren una nueva temporada para ofrecer tanto la sidra al txotx como en botella, junto con los productos gastronómicos de temporada.
Santuario de Arantzazu
El Santuario de Arantzazu, tal y como lo conocemos hoy en día, es el resultado de nada menos que tres reconstrucciones tras los tres incendios que ha sufrido a lo largo de su existencia, el último en 1834. Esta impresionante construcción, colgada sobre barrancos y edificada sobre roquedales en una zona agreste y natural de Oñati, ha vivido en constante evolución hasta que en 1951 se dejaron de lado las reformas y proyectos de ampliación para dar lugar a la construcción de una nueva basílica. Debía ser una obra solemne, pero debía expresarse en un lenguaje moderno, dando especial importancia al componente artístico.
De aquel proyecto ganador presentado por Francisco Javier Sáenz de Oiza y Luis Laorga salieron las intervenciones de algunos de los artistas guipuzcoanos más universales. Así, Jorge Oteiza, a pesar de los impedimentos que sufrió en el proceso, fue el creador de los apóstoles del friso de la entrada del Santuario; Eduardo Chillida también aplicó su estilo de vanguardia para realizar las puertas de entrada; Javier Álvarez de Eulate creó las luminosas vidrieras; y Néstor Basterretxea desarrolló sus artes pictóricas en la cripta.
Getaria
Cristóbal Balenciaga, el modisto de alta costura reconocido mundialmente, nació en Getaria. Juan Sebastián Elkano, el marino que completó la primera vuelta al mundo, también. En este pequeño pueblo costero, ahora rodeado de extensos viñedos de txakoli, se ha cocinado parte de la historia que conocemos. Algo tendrá Getaria que la hace tan especial. ¿Quién pensaría que este encantador pueblo pesquero de calles empedradas lleva siendo durante siglos cuna de la innovación? En la parte superior, un edificio con una fachada de impresionante aluminio negro da paso al museo dedicado al diseñador mundialmente conocido como Balenciaga. Hijo de un arrantzale (pescador en euskera) y una modista, desarrolló su talento a lo largo de décadas, diseñando con gran innovación prendas de alta costura para los personajes más ilustres de su época.
Al otro lado de la carretera que corta el pueblo, una escultura de Juan Sebastián Elkano nos guía hacía la zona más pesquera y navegante de Getaria. Elijamos la calle que elijamos para bajar hacia el puerto, el olor a parrilla y el ambiente de los bares van potenciando todos nuestros sentidos y vamos visualizando aquellas épocas de balleneros, viajantes y tremenda actividad en el puerto, que nos encontramos al final del camino. Allí, las rederas siguen tejiendo las redes que utilizan los pesqueros que se enfrentan cara a cara al mar Cantábrico, lo miran a los ojos y no se amedrentan cuando se trata de conseguir la captura que luego llena las parrillas y las brasas de los restaurantes de Getaria. Han pasado cientos de años, pero la esencia y las formas siguen siendo las mismas.
Por encima del pueblo, una alfombra verde cubre las colinas donde largas hectáreas se llenan de viñedos que producen la uva que da lugar al txakoli, la bebida centenaria que se originó en estas tierras.
Pasaia
Pasaia es uno de los grandes atractivos de la costa vasca y de Gipuzkoa. La tradición marinera se fusiona con gastronomía alrededor de una bahía con unas vistas que cortan la respiración. Paseando por las calles de Pasai Donibane o Pasai San Pedro podemos comprobar cómo la tradición de los barcos pesqueros sigue viva en cada rincón y en el día a día de las personas que viven a un lado y otro de la bahía.
Albaola, la Factoría Marítima Vasca, es uno de los hitos de Pasaia: un astillero-museo donde poder ver en directo la construcción artesanal de la réplica a escala real del ballenero San Juan, un galeón vasco del siglo XVI que naufragó en Canadá. Su visita guiada nos traslada directamente a esos años de trayectos a Terranova, de balleneros que cargaban sidra en sus barcos y a cuando los barcos se construían “a mano”, tal y como se hace en Albaola.
Parque Natural de Aralar
En el corazón de Gipuzkoa, un gran laberinto de hierba y montes verdes alberga la esencia más pura de la cultura vasca, sus costumbres y su idioma, el euskera. En el camino desde Tolosa hasta el Parque Natural de Aralar podemos disfrutar de la esencia del interior de Gipuzkoa en estado puro. Empezando por Tolosa, capital de Gipuzkoa en el siglo XIX, donde sus palacios y casas solariegas nos acompañan hasta su conocida plaza del Tinglado. Aquí, cada sábado tiene lugar un animado mercado de producto local, donde los caseros ofrecen sus joyas de temporada, uno de los secretos de la gastronomía guipuzcoana. Porque, además de por su agenda cultural (con los carnavales como máximo exponente), Tolosa destaca por su magnífica gastronomía: las alubias, las chuletas, las guindillas, el queso de Idiazabal y la repostería cautivan el paladar del visitante y, por supuesto, el de los locales.
En la zona del Goierri podremos encontrarnos con el mercado de Ordizia, cuyos orígenes se remontan al siglo XI-XII, que reúne cada miércoles a vendedores de productos agrícolas y ganaderos de toda la comarca.
Si, entre tanto deleite gastronómico, echamos en falta un mayor contacto con la naturaleza, el Parque Natural de Aralar y su cumbre, el Txindoki, están muy próximos. Paseando por el Parque nos cruzamos con caballos y ovejas, montañeros y excursionistas. Mientras, nos dejamos asombrar por la luz que ensalza aún más la cima de los 1.331 metros de altura del Txindoki, que representa la estampa más reconocible de la montaña guipuzcoana. Tras él, se extienden enormes prados, sostenidos por contrafuertes de roca en todas las direcciones. Decenas de senderos ascienden desde los valles y atraviesan esta meseta megalítica y pastoril. Desde su cima, respirando profundo y con las Basque Highlands en el horizonte, el tiempo parece detenerse.
Gipuzkoa
