
El lago de los Cuatro Cantones, o Vierwaldstättersee, es, seguramente, el más espectacular de los valles suizos. Es aquí donde Guillermo Tell logró escapar de la tiranía de la Casa de los Habsburgo, labrando el mito que daría pie a la independencia suiza. Altdorf, la ciudad donde Tell disparó la flecha contra la manzana colocada sobre la cabeza de su hijo Walter; Weggis, el pueblo que Mark Twain definió como el más bello del mundo; y Rütli, la pradera donde se fundó la Confederación Suiza, son algunos de los lugares históricos de este lago. En un plano turístico merece la pena conocer Brunnen, el pueblo donde se encuentra el centro de visitantes de la famosa fábrica de navajas Victorinox, o Hergiswil, cuya fábrica de cristal es una parada obligada si se viaja en familia. La mejor forma de desplazarse por el lago es en barco. El billete Swiss Travel Pass da libre acceso al uso de barcos, trenes y autobuses por todo el país, con lo que se presenta como la forma más cómoda de moverse. La flota de este lago se compone de 20 barcos, 15 de motor y 5 de vapor. El más antiguo es el Uri, que data de 1901. Visitar su sala de máquinas es lo más parecido a adentrarse en un reloj suizo, por la precisión de su funcionamiento, y el impecable estado en el que la mantienen.
La mayor ciudad del lago de los Cuatro Cantones es Lucerna. Es aquí donde vivió Wagner. Su casa, convertida hoy en museo, que fue financiada por su mecenas Luis II de Baviera, conocido como el Rey Loco, es una visita recomendable para melómanos, o para cualquiera al que se le ponga la piel de gallina escuchando la Cabalgata de las Valquirias. El icono con el que se identifica a Lucerna es su famoso puente de madera Kapellbrücke, el más antiguo de Europa, que data de 1365. El puente sufrió un incendio en 1835, y otro en 1993, pero fue reconstruido, aunque se perdieron la mayoría de sus pinturas decorativas que representaban la historia de la ciudad. Sin embargo, Wasserturm, la torre octogonal situada en mitad del puente, que a lo largo de la historia ha tenido funciones tan variopintas como sala de torturas o cámara del tesoro, se ha mantenido erguida a lo largo de siete siglos.
Muchos de los edificios de la Parte Vieja tienen las fachadas pintadas con historias épicas como la de la batalla de Dornach, escenas bíblicas como las de las bodas de Caná, historias curiosas como la de la posada en la que pernoctó Goethe en 1779, y otras más simbólicas, como la de una farmacia de 1530 en la que confiesan que “no hay hierba alguna que cure el mal de amores”. Todo el casco antiguo está protegido por una muralla que lo abraza, y que llega desde el río hasta el lago. Merece entrar en alguna de sus torres de vigilancia, ya que ofrecen una vista completa de la urbe.
Al otro lado del río, en lo alto de una colina, está Château Gütsch, un singular palacete del siglo XIX que es actualmente un hotel. Su interior ha sido magníficamente recuperado y es un lugar muy recomendable para almorzar o tomar café lejos del bullicio de la ciudad.
Una montaña de 2.132 metros se eleva junto a Lucerna: Pilatus. A su cima se puede llegar en tren cremallera, en teleférico e incluso haciendo senderismo. En su cumbre hay varios restaurantes y un hotel. Aunque las vistas desde la cima sean de gran belleza, al igual que la subida a la misma (especialmente en teleférico), hay otro monte en el lago de los Cuatro Cantones aún más visitado que éste: Rigi, la “Reina de las montañas”. Para llegar al Rigi, hay que coger un barco hasta Vitznau, y desde ahí subir en tren cremallera. Este monte ofrece infinidad de posibilidades tanto en verano como en invierno para realizar actividades al aire libre: esquí de fondo, trekking, descenso en parapente, etc.
A los pies del Rigi, a orillas del lago, se encuentra el mejor de todos los hoteles del Vierwaldstättersee, y uno de los más destacados de toda Europa: Park Hotel Vitznau. El alojamiento original data de 1903, aunque fue en 2009 cuando el edificio vivió su mayor transformación, tomando la forma actual. El vino, la gastronomía, el arte, la cultura, la salud y la riqueza son los pilares de este palacio, y así se demuestra en la decoración temática de sus galerías y de sus 47 residencias, suites y junior suites. Château d’Yquem, Schumpeter, Keynes, Newton o Kammerspiele son algunos de los nombres de sus habitaciones que dan un viso de lo que los huéspedes encuentran en su interior: elegancia, suntuosidad y lujo, pero también excelencia, creatividad, intelectualidad y genialidad.
La salud y el bienestar ocupan un espacio muy importante en Park Hotel Vitznau. Su spa incluye un sanarium, sauna finlandesa, tepidarium, baños de vapor, salas de relax, gimnasio, salas de masajes y de belleza de La Prairie, una gruta de hielo y una infinity pool climatizada que se funde con el lago y las montañas. El jardín que rodea la piscina invita a los huéspedes a acercarse a almorzar al restaurante Prisma, que fusiona la cocina asiática con la europea, y ha sido galardonado con una merecidísima estrella Michelin.
El otro gran restaurante del hotel, Focus, que ofrece creaciones gourmet cosmopolitas, está capitaneado por el Chef Patrick Mahler y ha recibido dos estrellas por parte de la Guía Michelin. Tras la cena, muchos huéspedes suelen acercarse a Verlinde, el bar del hotel que cuenta en su carta con más de 200 referencias de cognac y armagnac vintage.
Las bebidas alcohólicas son un campo en el que Park Hotel Vitznau se ha volcado con gran entusiasmo, especialmente en lo relativo a los vinos. El hotel cuenta con seis bodegas: vinos franceses, nuevo mundo, Europa, champagne, rarezas y Château d’Yquem. Hay referencias para todos los públicos, con precios que van desde los 50€ hasta los 600.000€ por botella, hasta completar un patrimonio por valor de 23 millones de euros en vino: 4.000 tipos de caldos distintos; 32.000 botellas en total.
Esta plétora de placeres hace de Park Hotel Vitznau un destino como tal. Un lugar único a orillas del lago con la mayor carga simbólica e histórica de la Confederación Helvética.
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