
Hay artistas que no se entienden sin su lucha, sin el pulso constante contra el entorno, las dudas, contra la deriva emocional que supone vivir con cierta intensidad. David García (Código Bushido) pertenece a ese linaje de músicos que hacen de su obra una forma de vida, una extensión de su historia personal, de sus heridas, de su esperanza. Multiverso, su tercer disco de estudio, no es solo un trabajo musical, es una travesía conceptual, emocional y artística, un manifiesto sonoro de once canciones donde la estética del viaje configura un relato que se despliega canción a canción con precisión de navegante.
«Lucho por ser libre, por aportar algo bueno al mundo. La música que hago busca entretener, sí, pero sobre todo inspirar y hacer reflexionar. Creo que la música puede ayudar a los demás y me aferro a eso», explica el propio David. Donostiarra de nacimiento, este músico no es ajeno al camino sinuoso que implica abrirse paso en la música independiente. Tras sus inicios con El Último Salto y su temprana notoriedad tras ganar el programa de televisión La batalla de los coros, supo canalizar el aprendizaje y la exposición mediática para forjar un proyecto más personal, más denso y a la vez más auténtico: Código Bushido. Con una ética basada en la constancia, la introspección y una férrea voluntad artística, ha ido construyendo un universo musical que bebe del rock, el pop alternativo y la electrónica emocional. En ese camino, nombres como Mikel Erentxun, Rubén Caballero o Fermín Bouza han sido aliados indispensables en la producción y el desarrollo estético de su música.
Ahora, con Multiverso, Código Bushido alcanza una nueva madurez. El título ya es toda una declaración de intenciones: múltiples realidades, infinitas capas emocionales, una variedad de planos donde cada oyente puede encontrar su reflejo. «Estoy feliz de haber dado con este título. Multiverso refleja tanto la complejidad del mundo en que vivimos como la estructura misma del disco. Hay múltiples planos, universos emocionales que conviven en cada canción. Incluso las letras son ‘múltiples versos’ que dialogan entre sí», prosigue David.
Producido por Fermín Bouza y grabado en Estudios 54 (Torrelodones, Madrid) con la ingeniería de sonido de Juan Sueiro —nombre ligado a artistas como Fangoria, Miss Cafeína o Zahara—, Multiverso despliega un espectro de texturas musicales donde la épica íntima convive con la reflexión poética y la energía emocional del directo. «Fermín ha sabido vestir las canciones como yo las visualizaba. Y Juan tiene ese oído quirúrgico para encontrar el sintetizador o micrófono exacto. Ambos han hecho un trabajo exquisito», asegura el protagonista antes de pasar a explicar las once canciones de su álbum.
Las canciones
El viaje comienza con “Platino y Barro”, una metáfora poderosa sobre los contrastes de la vida. La canción se presenta como una declaración de resistencia afectiva. «Animar a acariciar por igual el platino y el barro —las cosas valiosas y las más duras— es un mensaje de aceptación. Todo forma parte del camino». “Veo la Luz”, a continuación, irrumpe como una epifanía tras el túnel. La ansiedad, la incertidumbre y la necesidad de huida se canalizan aquí en forma de promesa luminosa.
En “Relámpagos en la Catedral”, David aborda el desamor desde la lírica del derrumbe. Cuenta que se siente cómodo usando metáforas. En este caso, los relámpagos simbolizan los conflictos internos en la pareja: «Intenté que aquella historia terminara bien, pero no fue así. Aun así, si de aquel momento nació esta canción, el dolor mereció la pena», reflexiona. El cuarto corte, “Salto Cuántico”, funciona como una pieza de transformación. «Como decía Bunbury: ‘Despierta, todo ha cambiado’. Esta canción habla de moverse, de no quedarse quieto. Es una llamada a seguir adelante».
La ambición aparece en “El héroe del que todo el mundo habla”, una pieza de autoconstrucción identitaria. Y “Al mar”, una de las más sensibles del álbum, vuelve a hablar de reinicio, en concreto del renacimiento personal de David García, que apunta: «Todos mis discos son autobiográficos, están justo en medio de los cambios que vivo. Escribo sobre lo que ha pasado y lo que me gustaría que ocurriera».
“Déjate llevar” es el alivio, la liberación, la confianza en el presente. En “La llamada”, la sencillez melódica sirve de base para un mensaje de presencia incondicional. Y “Rebelión” es una invitación directa a actuar (de nuevo). «Muchas veces protestamos pero no hacemos nada. Esta es tu rebelión, aunque nadie la escuche. Pero cura el alma, como una bendición», dice el autor. «Ojalá Multiverso sea ese impulso para que alguien decida cumplir sus sueños».
El homenaje a los mitos aparece con fuerza en “Robert Johnson”. David conoció su historia por el documental ReMastered: La encrucijada del diablo. «De ser un músico mediocre a convertirse en leyenda. No sé si hubo pacto con el diablo o simplemente trabajo duro, pero me fascinó su misterio. Esta canción es mi homenaje. Es el ‘bicho raro’ del disco, y quizá por eso me gusta tanto», reivindica David.
Cierra Multiverso el tema “Tu regalo” con una nota de esperanza desbordada. «Ojalá sirva como empujón emocional. Para levantar el ánimo, para gritar y volar». Multiverso no es un disco más; es un trabajo que refleja la evolución de un artista que ha sabido navegar las tormentas sin perder el rumbo. «La música debe cocinarse a fuego lento. No creo en el fast food musical. Este es el tercer disco de siete que planeo grabar, igual que los siete valores del código Bushido. Es mi forma de vida”, concluye.
Y así, Código Bushido (David García) continúa su camino con la determinación del samurái contemporáneo que le da nombre: fiel a sus valores, estético en su lucha, y profundamente humano en sus canciones.
Texto: Carlos H. Vázquez.

