
Fundado en vida por Eduardo Chillida, Chillida Leku es el lugar donde se encuentra el corpus de obra más amplio y representativo del artista. Está ubicado a las afueras de Hernani, muy cerca de San Sebastián, y se compone de un paraje de esculturas al aire libre y de un espacio de exposiciones en el interior del caserío Zabalaga, una edificación tradicional vasca construida en el siglo XV. Esta casa y sus terrenos adyacentes fueron adquiridos en los años 80 por Eduardo Chillida y su esposa, Pilar Belzunce, quienes los restauraron y acondicionaron personalmente durante más de 15 años. Aquel primer proyecto de rehabilitación se llevó a cabo en colaboración con el arquitecto vasco Joaquín Montero, quien les ayudó a materializar una visión sumamente personal del área expositiva. El escultor buscaba un hogar para sus obras —un “lugar” (en euskera, leku)— donde las generaciones futuras pudieran conocer y experimentar su arte en un emplazamiento inigualable.
Con el apoyo de la prestigiosa galería suiza Hauser & Wirth, en 2019 el museo se actualizó respetuosamente: se incorporó un centro de bienvenida, una tienda y una cafetería —Lurra Café—. La renovación corrió a cargo del arquitecto argentino Luis Laplace, en estrecha colaboración con el arquitecto Jon Essery Chillida, nieto del escultor. El proyecto contó, asimismo, con la aportación del artista de la naturaleza holandés Piet Oudolf, pionero del movimiento New Perennial, quien introdujo sutiles elementos paisajísticos.
Chillida Leku es un espacio vivo, donde las obras dialogan con las de artistas invitados —Phyllida Barlow, Joan Miró, Antoni Tàpies o Koen Vanmechelen han estado presentes en el museo en los últimos años—. También ha sido escenario de grandes celebraciones, como el centenario del nacimiento de Eduardo Chillida en 2024, y el de Pilar Belzunce en 2025, quien jugó un papel esencial en el desarrollo de este lugar único.
La magia de Chillida Leku está en que el visitante explora la finca sin un itinerario fijo, en un paseo íntimo entre las esculturas. Puede detenerse ante cada pieza, tocar la textura del granito, observar los volúmenes y descansar en la hierba para contemplar el entorno. El museo invita a recorrerlo sin prisa, a estar presente y disfrutar del momento. Ese es, quizá, su verdadero lujo.
Pero, ante todo, Chillida Leku es un lugar de encuentro: entre las artes, las personas y el pensamiento. Fiel al espíritu de Eduardo Chillida, que concebía el arte como diálogo y como búsqueda de equilibrio, el museo amplía esa idea creando un espacio donde diferentes disciplinas se entrelazan. A lo largo del año, la música, el cine, el dibujo o las prácticas de mindfulness y bienestar hallan aquí su escenario ideal. La música del Jazzaldia o de la Quincena Musical de San Sebastián, que cada verano transforma las campas del museo en un auditorio al aire libre, es solo una de las muchas manifestaciones de esa fusión entre cultura y naturaleza. En torno a las esculturas, las experiencias sensoriales, las actividades creativas y los programas educativos refuerzan la vocación de Chillida Leku como un lugar vivo, abierto y participativo.
Chillida Leku
Barrio Jauregui 66, Hernani.
Fotografía: Lurra Café. Idoia Unzurrunzaga.

